Postra tus huesos ante el Tío del que me apeno,
bastarán tres campechanos con moscas
dobles, por supuesto,
para abrirle un club de fans sin herederos.
Me ha puesto la sangre verde,
el hígado verde,
Tácito sustentable para jóvenes planetas;
aquí va el vidrio, allá el siniestro encuentro
de una mollera con el vacío:
verter el fino espesor del reciclaje,
hundir el tacto calculado de un huesero,
recién nacidos, polvo y enanas blancas,
uníos frente al designio galáctico
de mis repeticiones en domingo
Nadie atentará contra el circuito genético del redial,
proveedor de simulacros suicidas
044, prefijo del baucher sin palabra.
Para que el odio elimine tantas coincidencias
y mi estirpe agote los múltiplos del eco
renuncio a este listado simple:
modernidad en dos tiempos,
trucha salmonada, tu favorita,
un trocito de chamorro entre la complicada simetría
que concluye el sentido de tu risa
y por si acaso, omite toda la cantina;
es muy tarde para acudir a un ortodoncista delicado,
la que despacha es mi herencia
sin anestesia
sin sutiles intentos de hacer pasar el dolor por mala suerte